Luna
Mayo 7, 2009 de alexescot
“Bella luna, ojo color de plata, dime que es lo que tan atentamente observas, con tu luz triste iluminando aquello que el sol jamás quiso ver. Tu, mujer infinita, dime porque nos obligas a ver en la noche, porque iluminas la oscuridad, porque no nos dejas ser libres.”
Leon
Dice la leyenda que una vez las mujeres mandaron sobre los hombres, que una vez todas las mujeres fueron reinas. Un mundo matriarcal en un universo femenino, un tiempo de paz en que se enseñaba a los niños a ser libres, un mundo de colores donde la gente se atrevía a sentir, a reír, a llorar… un tiempo en el que los cuerpos se amaban por igual y no existía la violencia.
Zanit era una niña, hija de Miuca y quizás hija también de Tristán o Litiro o Nereo… difícil saber el nombre exacto del padre puesto que muchos eran los hombres que satisfacían a Miuca igual que a tantas otras mujeres. Poder compartir con ellas un tiempo de sus vidas daba sentido al hecho de ser hombre puesto que cada una les transmitía una parte de su sabiduría y por eso aceptaban la decisión de entrar en su alcoba igual que de salir de ella cuando la mujer lo considerase apropiado, ellas disponían de un elevado nivel de conciencia que les permitía no solo actuar para su propio beneficio sino también para el de los hombres. Zanit, era una niña feliz, tenía la educación de las estrellas, su madre le enseñaba a cazar, a saber tratar a los hombres, le enseñaba también a pintar y a entender el universo, con 11 años ya sabia cual era el dios de cada uno de los elementos de la naturaleza.
Un día, por primera vez, hubo una pelea, Kataro se enfado con Sínala porque ella le había pedido que abandonara su alcoba, él siendo un niño huérfano desde muy pequeño había encontrado en ella la imagen de madre que siempre había necesitado y no estaba dispuesto a abandonarla, por otro lado Sínala opinaba que no era correcto que permaneciera mas tiempo con ella puesto que tan solo le haría daño, ella no estaba enamorada, no buscaba un hijo sinó a un padre y lo mejor para él sería alejarse para poder experimentar con otras mujeres que le aportaran cosas distintas. Kataro en un ataque de ira le dio un golpe con la mano a la cara a Sínala, ella calló al suelo, nadie entendía que estaba sucediendo. Por primera vez Kataro se dio cuenta del poder que suponía su fuerza física para la mujer, él la podía dominar.
Las mujeres y algún hombre corrieron para ayudar a Sínala pero muchos otros hombres percibieron lo mismo que Kataro y se pusieron a su lado, en ese momento los hombres decidieron que ellos querían elegir, que ellos querían mandar sobre con quien dormir y decidieron utilizar su fuerza, la violencia para conseguir su objetivo.
Al tiempo las mujeres agacharon la cabeza, permitiendo convertirse en esclavas de los hombre que peleaban por la mas fértil o la mas deseada. Con el tiempo y los golpes empezaron a olvidar quien eran, empezaron a olvidar su poder, su sabiduría y ese mundo maravilloso en el que vivían, desapareció. Los hombres al sentirse atacados por otros hombres tuvieron miedo, cada vez era mas peligroso, cada vez morían mas y en ese momento se alzó de entre todos Leon, era el hombre mas fuerte y salvaje de entre los hombres, todos lo respetaban y aceptaban sus decisiones, también lo hicieron cuando él se autoproclamó Rei. Él mandaría entre los hombres para poner paz y elegiría a un grupo de hombres para crear una corriente de pensamiento basado en la sabiduría y la conciencia que dijeron se llamaría Polítika. Ese día las mujeres perderían oficialmente su poder.
Todas menos una… Zanit, a diferencia del resto de mujeres jamás temió a los hombres, era ya casi una mujer y se presentó delante de Leon para pedir formar parte de su cúpula de sabios, esperaba el apoyo de las mujeres para que el Rei accediera a su propuesta pero todas atemorizadas se escondieron. Leon al ver a esa mujer que conservaba su poder, un poder mas fuerte que cientos de sus hombres, un poder que él jamás tendría, el poder de ser Mujer igual que lo era el Universo sintió miedo pero a la vez volvió a sentir ese amor que por tantas mujeres antes había sentido y el poder de ella cada vez era mayor sobre él, en ese momento llamó a sus Políticos y les pidió que se la llevaran, que la llevaran todo lo lejos que pudieran, a un lugar al que ni él ni nadie jamás pudiera acceder pero a la vez que él la pudiera observar cada noche igual que observaba a sus mujeres amadas mientras dormían.
Los Políticos la escondieron en el cielo, justo en un espacio que durante el día nadie la pudiera ver pero cada noche el Rei pudiera observarla. Zanit quería que todo el mundo supiera de su poder, sabía que jamás podría volver y en su enfado utilizó lo único que le dejaron, hizo resplandecer tanto su belleza que iluminó la noche entera, era tanto el brillo que hombres y mujeres podían ver sus rostros en la noche, se perdió la intimidad y Zanit cada vez brilló con mas fuerza para que los hombres no se pudieran ocultar en la oscuridad de su alcoba y así las mujeres vieran en la noche quienes eran esos seres a los que tanto temían.
Dice la leyenda que el Rei al ver a Zanit destellar de esa forma se enamoró de ella, le recordó a esa mujer de la que había estado enamorado y al someterse a él perdió aquello que la hacía especial y fue entonces cuando Leon decidió ponerle a Zanit el nombre de su mujer para así poder seguir viéndola brillar, se llamaba Luna.
Aún hoy hay mujeres que siguen sin recordar su poder, yo les propongo que miren a esa vieja Zanit que jamás dejará de brillar para ellas.
Alex Escot Cristóbal.
Ahora la veo destellando sobre el lago,
casi plena, con un brillante halo blanco.
Preciosa historia, Alex.
Gracias por compartirla conmigo.
Increíbleee espero k llegue tu mensaje, me ha encantado
Qué bonita historia, mensaje cargado de una sensibilidad exquisita y que habla del universo femenino, del poder que la luna ejerce sobre la mujer y la admiración que le tienen tb muchos hombres. Es triste y esperanzador a la vez. Eres un cielo, sol y luna.
No tengo palabras para describir la sensibilidad que desprende tu historia. Es fantástica.